La seguridad no solo depende del desarrollo creativo de políticas públicas coordinadas con los servicios de justicia y penitenciarios, sino que requiere, previamente, un diagnóstico realista de los escenarios, acompañado de la participación activa de toda la sociedad. Además, es fundamental reconocer y sumar el aporte de la creciente industria de seguridad privada, tal como ocurre en muchos países que sirven de modelo a seguir.
Nuestra seguridad actual se sostiene sobre un trípode interactivo entre la seguridad pública, la seguridad privada y, sobre todo, las iniciativas, la participación y el control de gestión de los ciudadanos sobre ambas.